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La Cena de la libertad

La Cena de la libertad

El pasado Jueves se celebró en el Casino de Madrid la Cena de la Libertad organizada por el Instituto Juan de Mariana. Hacía un año y medio que no me daba un homenaje con Inés. Todo nuestro tiempo disponible se lo ha llevado el pequeño de la casa con su gestación, su lactancia y demás cosas que trae un niño cuando viene al mundo. La generosa oferta del Instituto para que pasáramos una noche estupenda en Madrid rodeados de liberales no podía ser rechazada, tras el retiro forzoso por cuestiones paternales que durante este tiempo hemos disfrutado.

Y allí nos presentamos yendo totalmente a ciegas pues no conocíamos a nadie. Los dos plantados en el hall del Casino y sin muchas ganas de cenar. La comida había sido suculenta, ya que como buen provinciano que se precie, y a mucho honra, nos pusimos hasta arriba unas escasas horas antes en el Asador Donostiarra. Un lujo que debe darse alguien alguna vez en la vida aunque te puedan tachar de paleto, poco moderno o no abierto a las nuevas tendencias gastronómicas. Tras el cocktail de bienvenida nos informamos del lugar que debíamos ocupar en la cena y me llevé la primera sorpresa, ya que nos habían situado en una lugar privilegiado rodeados de dos figuras del columnismo actual como son Luis Margol (que ya ha hecho la crónica de la cena) y José Carlos Rodríguez, entre otros. Para mí era como estar sentado en la misma mesa de Zinedine Zidane y David Beckham en su cena de celebración por la conquista de la Champions League. Un simple mortal, aficionadillo a esto de escribir, al que le habían hecho un hueco para que cenara con ellos. Varios años siguiéndolos, disfrutando de sus artículos, aprendiendo con sus lecciones magistrales y ahora los tenía enfrente. A ellos, y a la madre de Luis, que se dedicó toda la noche a la noble tarea de que nos sintiéramos como en casa. El artífice de tal milagro no fue otro que Pablo Molina, que desde la distancia, lo dejó todo bien atado para que fuésemos atendidos como lo hubieran hecho con él. Un genio que no se olvida de ser una buen persona.

Los Di Estefano, Gento, Pelé y Cruyff de ésto del liberalismo (Huerta de Soto, Carlos Rodríguez Braun, Agapito Maestre, Cabrillo, etcétera) por el centro del magnífico salón del Casino de Madrid y a los que paradójicamente no les presté mucha atención. Yo me fijaba más en la nueva hornada, en los galácticos que están triunfando ahora mismo: Gabriel Calzada y María Blanco, que sin su trabajo no hubiera sido posible; Daniel Rodríguez Herrera, Jorge Valín, los citados Luis Margol y José Carlos Rodríguez, y un largo etcétera que me dejo en el camino. Solo me faltó en alguna ocasión sacar la libreta para que me fueran firmando autógrafos como una loca adolescente con su histerismo en todo lo suyo.

Entregaron un premio a los de Unión Editorial por su dilatada trayectoria, -ahora están celebrando sus treinta y cinco años-, en la publicación de obras de autores liberales. Albert Esplugas, otro galáctico, recibió el premio fin de carrera por su trabajo sobre la comunicación en una sociedad libre. Y nosotros, que éramos quizás los que menos hemos aportado a la difusión del liberalismo, recibimos el premio de pasar junto a ellos una noche inolvidable.

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