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Murcialiberal

Crisis

Hay varios datos objetivos, e indiscutibles, en la actual crisis del PP:

Primero. Aunque parezca una perogrullada, hay una crisis interna importante; lo digo porque te encuentras con muchos que todavía se ponen de perfil con todo lo que le está pasando a su partido: se siguen tapando los ojos con la esperanza que el manido congreso que se va a celebrar en Valencia arregle el desaguisado.

Segundo. Ahora mismo hay un presidente de partido que se llama Mariano Rajoy, -otra perogrullada, que conviene recordar-, por lo que no hay mayor responsable ante las grietas, que digo grietas, butrones que se están abriendo en el PP. El registrador de Santa Pola podrá echar balones fuera y justificar su descrédito echándole la culpa al empedrado, pero el presidente es él y no otro.

Tercero. Ha habido un cambio de estrategia (y para muestra la foto en soledad de Pizarro, número dos por Madrid, que antes de las elecciones era un activo para el partido y ahora es un pasivo), que ha asumido Rajoy antes del congreso por su cuenta y riesgo, por lo que tendrá que asumir que en el camino se vayan quedando gente que no esté de acuerdo con el giro tomado. Muchos hablan del derecho de Mariano Rajoy a cambiar tras la derrota electoral del pasado marzo. Y claro que lo tiene, pero una vez sea ratificado como presidente, a la búlgara o no, en el congreso del partido. ¿Qué hubiera pasado si toda esta deriva de buenrollismo y lavado de imagen se hubiera producido una vez celebrada la "fiesta de la democracia" (es un decir, ya saben) en Valencia? Además, cuando te propones a cambiar sibilinamente tu estrategia, con dicho congreso montado para que el aparato del partido te aclame como a un emperador romano, sin opción de debate interno y machacando de paso a los que no están de acuerdo con tus postulados, no puedes esperar más que el partido, cuyo valor añadido más fuerte era el de su unión junto a unos valores, se rompa y se desuna en mil pedazos. No sé a que vienen las sorpresas y el intento de descrédito a los afiliados y dirigentes que no están dispuestos a comulgar con ruedas de molino.

Cuarto. Mariano Rajoy no estará muerto para la mayoría de dirigentes del partido con alguna responsabilidad hasta que no se lo diga su inmediato superior en el cargo. En la estructura piramidal de los partidos, el de abajo no se mueve de su silla, hasta que no lo hace el que está inmediatamente arriba. Hay demasiados ocupas de puestos políticos que dependen de un dedazo inmisericorde, y, claro, no vas a ir en contra de la dirección que marque el dedo. La marcha de Zaplana y Acebes, produjo sonrojo en muchos de ellos, pero lo de María San Gil y la baja de militancia de Ortega Lara, es un hecho que no tiene vuelta atrás y que provocará (de hecho ya lo está haciendo) un terremoto desde abajo con las bajas de militancia, que no podrá ser obviado, ni por los compromisarios designados a dedo que acudan a Valencia.

Y quinto. El partido, por desgracia, saldrá dividido, haya o no lista alternativa en el próximo congreso. El demérito, pase lo que pase, nada más que tiene un responsable. Y no es otro que Mariano Rajoy. Un cadáver político.

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