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Ser torero hoy

Lo escribió J.F.Bayona el pasado sábado en La Opinión:

Ser torero hoy.

Para ser un buen arquitecto, abogado, periodista, ...(pongan sobre los puntos suspensivos la profesión que ustedes quieran), hace falta fuerza de voluntad y constancia. Fundamentalmente. El sentido común se supone. El talento, el que cada cual tenga, dará mayor o menor brillantez al desarrollo de su carrera.

Para ser un buen lo que sea no hace falta ni tener vocación. Hace falta tenerlo claro e ir a por ello. Y se consigue. Excepto para ser torero.

Para ser un mediocre torero hace falta infinitamente más que para ser un buen lo que sea. Para ser un torero mediocre hacen falta unas condiciones extraordinarias. Porque una vez hecha la preparación física, una vez aprendida la técnica de salón... hay que poner en juego la propia vida. Y eso no lo hacemos los demás. Ni de coña.

¿Y los corredores de Fórmula 1, y los de motos, y los alpinistas? Está claro que hay profesiones de riesgo, pero en ninguna de ellas se cuenta con las reacciones imprevisibles de un animal tan poderoso como el toro. Un coche o una moto, a las velocidades que cogen, se te pueden ir de las manos, evidentemente. Pero conoces la máquina, conoces el circuito e incluso la forma de correr de los rivales. Las situaciones de carrera son imprevisibles, desde luego, y eso es lo que le da grandeza a esos deportes. Y al resto de situaciones vitales.

El torero, sin embargo, no sabe con qué se va a encontrar y, por tanto, no puede haber estrategia previa. El toreo es una apuesta constante. Y perder esa apuesta se paga con sangre.

*Hambre. Entonces, en una época de general bienestar social, ¿por qué decide un chaval que quiere ser torero? ¿Por dinero? Para eso está la especulación inmobiliaria. ¿Por notoriedad? Para que un torero adquiera hoy notoriedad tiene que llevarse quince años en la cumbre sin que se le vaya un pie o que le peguen una cornada de caballo. Un cantante petardo o un futbolista mediocre tienen hoy más repercusión social que un buen torero.

Así que, la conclusión, es que se es torero por lo que siempre se fue torero: porque sí, por pasión, por vocación. Pero eso no basta para serlo. Hay que tener una dedicación exclusiva y estar dispuesto a caer en el camino.

Se es torero porque ser torero es una heroicidad sin finalidad. Y sólo así se puede llegar al arte.

El arte de torear.

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