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Murcialiberal

La nueva ley del suelo

Vuelvo a publicar un artículo en Vegamediapress.

Manuel Marín / El pasado viernes 26 de Mayo se aprobaba, según informaba el "diario independiente de la mañana", la nueva ley del suelo para tratar de frenar la especulación. Una ley que según todos los expertos no trae una menor regulación, sino todo lo contrario. Las palabras usadas por los políticos de la oposición regional se pueden enumerar con los dedos de una mano: pelotazo, ladrillo, especulación, prevaricación, corrupción, etc. Ante tanta preocupación generalizada, su partido, que intenta ejercer su obligación de gobernarnos desde Madrid, pretende combatir todos estos hechos con una ley que traerá seguro mas pelotazos, mas ladrillo caro, mas especulación, prevaricación y corrupción.

Nuestros queridos apoltronados aforados que tan solo representan las ideas que el partido les marca y algo al ciudadano cuando les queda algo de dignidad, pretenden seguir siendo los gurús de lo bueno y de lo malo. Aquí, por la libertad del individuo no mueve nadie un dedo, en un sistema disfrazado con la máscara de la democracia, en la que solo el poder dictatorial de los partidos y las listas cerradas tienen la palabra. Y todavía quedan algunos iluminados que se atreven a reclamar la proximidad de las decisiones políticas por considerarlas mas efectivas cuando el día a día nos demuestra que una mayor cercanía a la hora de tomarlas, lleva implícita mayor gasto público, mayor ineficiencia en la distribución de los recursos y un mayor índice de corrupción. Por cierto, ¿Provincialidad?, ¿Para quién?, ¿Para los cuatro burócratas de turno que verían asegurado su futuro como chupópteros del contribuyente?

Hay que quitar el inmenso poder que tiene el Estado, el poder que se ha ido tejiendo contra el ciudadano de a pie para controlarlo todo, que no se conforma con robar diariamente por medio de una fiscalidad indecente, sino que es capaz de dilucidar lo que conviene, de si se puede o no construir una casa, en donde se debe montar una tienda o cuando se debe o no abrir al público. Hemos pasado de ser gobernados por un monstruo gigante a serlo por un pulpo con infinitas patas que se meten hasta el más recóndito y sagrado lugar de las vidas de los ciudadanos. No sé si se han parado a pensar, pero calculen con frialdad y comprobarán que entorno a un 60% de su sueldo se lo llevan ellos: sumen a su tramo de la renta, la seguridad social, el IVA de lo que consumen, los impuestos que llevan las facturas de la gasolina, electricidad, gas natural, el tabaco o el agua, el impuesto sobre bienes inmuebles, el impuesto de circulación, la ORA, o los diferentes impuestos que lleva consigo la suerte de construirse una casa en terreno propio, incluido la comisión del político quien es el que tiene la última palabra.

Por eso no se puede pedir mayor regulación y protección a quien tiene la última decisión de si te roba o no, de si eres digno de que entres en su casa, y de si con una palabra suya bastará para sanearle. No se pueden erigir en salvadores de la limpieza democrática aquellos que aceptan como válida una nueva ley del suelo que no solo está de acuerdo con el sistema actual sino que quiere potenciarlo: mas regulación, mas protección, mayor valor de la vivienda y mas poder para el político de turno.

Establezcan unas mismas reglas de juego para todos. Quitémosle la decisión a quien la experiencia ha demostrado como no válido. Establezcan un ley genérica, mínima, que permita desarrollar la iniciativa del individuo, ya sea un millonario, con Touareg incluido, o una pobre familia que por fin puede sacarle rendimiento a su querida tierra. Ni ayuntamientos, ni comunidades autónomas. El individuo es quien tiene la última palabra.
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