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El Mordisco

El Mordisco

En mi último artículo, publicado en Vegamediapress, comento el suceso político del verano. Los bocados de un alcalde del PP al secretario local del PSOE.

Manuel Marín / En este mes de agosto, en este ojo de huracán en el que nos encontramos, lo más prosaico es hablar de los sucesos. La inmigración, la sequía, los incendios y las medusas forman parte ya del paisaje veraniego. Una lata a la que a base de hornearla parece ya caducada. Un relleno que servirá de base cuando nos adentremos en la tormenta perfecta. Mientras llega, hablemos de heroicidades. No hace mucho los conflictos personales se solían resolver a tiro de florete, a cañonazo de trabuco o a pasada de cuchillo.

Dos dirigentes políticos locales se han enzarzado, al parecer, en una reyerta donde lo mas destacado del suceso ha sido un bocado del alcalde al secretario del partido de la oposición. La humanidad ha evolucionado una barbaridad. Se presenta un duelo al alba, con testigos, y sin arma pactada y el parte final se resume con una mordedura. Esto ya no es lo que era. Dicen que lo mas humillante es que te abofeteen con el anverso y el reverso de la mano. Pero en este caso, ni eso. Lo de los mordiscos ha sido siempre de perros. A esta derecha no hay quien la arregle. Un acomplejamiento innato que le lleva a mordisquear al que se pasea por la acera de enfrente. En otros tiempos, uno de derechas de verdad, le habría partido el pecho o le habría despejado el cielo de la boca. Debería dimitir, no solo por atacar al adversario político, sino por flojo. Y entiéndaseme bien, por favor, no vaya a ser que a alguna sociedad protectora de animales les vaya a dar un vahído, que desde aquí no queremos hacer ninguna apología de la violencia, sino tratar con ironía un suceso concreto.

Y es que la situación en Ulea debe estar muy malita para que los que se proclaman como defensores de lo público se peleen como niños en el patio del colegio. En la región la cosa tampoco está para echar cohetes, pero creo que todavía no se plantean sacar los instintos mas primarios para arañarse como gatos o morderse como perros; o sí, pero todavía mantienen el decoro e incluso se toman friegas con duchas de agua fría para no llegar a utilizar la boca como arma arrojadiza. Esta última frase tiene su guasa, ya que muchos dirán que no hacen otra cosa, pero nos referimos, claro está, al barriobajero uso de los incisivos.

No entiendo la afición que tenemos los murcianos por la dentellada. Antes éramos noticia por lanzárselos a las mulatas en el entierro de la sardina, y cuando esto ya parecía superado, ahora lo somos por el mordisqueo entre políticos. Una faena.

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