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Los fallos de los expertos

Francisco Rodríguez Barragán / Los expertos son aquellas personas capaces de explicar "científicamente" por qué las cosas no ocurrieron como ellos pronosticaron. El colegio de augures de Roma, creo que contaba tan sólo con cuatro miembros, que se dedicaban a predecir el resultado de las acciones políticas o militares de la República o el Imperio, escudriñando el vuelo de las aves, su forma de comer o el estado de sus vísceras. Ignoro las veces que acertaron o se equivocaron, aunque en otras ocasiones sus dictámenes sirvieron para suspender las acciones consultadas.

Ahora, que pensamos estar más civilizados que entonces, en lugar de augures contamos con expertos, miles de expertos. Ellos elaboran estadísticas, proyecciones, índices y otras herramientas sobre las cuales se planifica la política, la economía, la educación, la población, la guerra, el clima, el futuro, en fin.

Naturalmente ese futuro resulta a menudo bastante diferente a lo previsto, pero los expertos explicarán, sin inmutarse, los procesos causales de la nueva realidad y propondrán de inmediato otros planes y otras soluciones.

Pensemos en cualquier obra pública, cuya planificación y ejecución ha sido encargada a expertos altamente cualificados. Lo más probable es que el costo y el tiempo de ejecución de la misma sean muy superiores a lo previsto.

Los americanos deciden ir a la guerra para la que cuentan con una gigantesca red de expertos en todo, armas eficaces y recursos económicos. Ellos pondrán orden rápidamente en cualquier punto del planeta, ya sea Corea, Vietman, Kuwait, Irak o Afganistán. Pues no, las cosas no salen como pensaban y esto pasa una y otra vez. Las victorias que alcanzaron contra los españoles en Filipinas, contra los alemanes en dos guerras mundiales o contra los japoneses, lanzándoles la bomba atómica, quizás les hicieron creer a sus expertos que lo mismo pasaría con las demás. Las cosas siempre ocurren de forma distinta. Ni Corea ni Vietman, parecen haberles enseñado nada.

Armados de una potente doctrina revolucionaria, un poder omnímodo y unos decididos planificadores, los soviéticos fueron hundiendo a medio mundo en la miseria, plan tras plan, hasta la implosión de su régimen en 1989. En Occidente y en América Latina, muchos expertos en marxismo siguieron y siguen organizando sus partidos comunistas, sin enterarse de nada.

Después de la caída del muro y el fin del régimen comunista, las democracias capitalistas se sintieron satisfechas con el crecimiento de su desarrollo técnico, de sus libertades, de sus instituciones, de su nivel de vida. Como las cosas iban viento en popa, los políticos y sus expertos asesores, pensaron que todo podía seguir así. Pero de pronto aparece la crisis financiera y el mundo entero entra en convulsión. Uno puede preguntarse cómo es posible que los expertos financieros, que pueblan los gabinetes de los grandes bancos, no barruntaran la catástrofe y siguieran invirtiendo en Lehman Brother, por ejemplo.

Pienso que pueden fabricarse teorías, proyecciones, planes, índices y leyes de economía sostenible, pero no hay manera de tabular la conducta humana. No sé si los expertos llegarán a reconocer, alguna vez, que no pueden prever las ocurrencias de los políticos, el egoísmo de los financieros o el rencor de los terroristas entre las variables de sus estadísticas, de sus previsiones.

El afán de ganancia de los financieros, la búsqueda de votos de los políticos, los intereses de las poderosas multinacionales, los designios de cambiar la sociedad desde posiciones poderosas, nada democráticas. Todo ello y muchas cosas más, hacen que vivamos en un mundo complicado con un futuro incierto, por más que miles de expertos crean que tienen la solución.

Cada vez soy más escéptico con tantos planes, tantas reuniones de alto nivel, tantas conferencias internacionales pero creo que hay valores que no cotizan en bolsa pero que son los únicos que pueden garantizar nuestra existencia: el trabajo bien hecho, la honestidad, la honradez, el cumplimiento de la palabra dada, la sobriedad, el esfuerzo, la búsqueda de la verdad y en definitiva el amor, la única fuerza capaz de construir un mundo nuevo donde habite la justicia.

2 comentarios

Francisco Rodríguez Barragán -

Gracias por tu recomendación de la página de Jesús Huerta de Soto. Ya le he dado un vistazo y me parece muy buena. Creo que nustros problemas económicos los han causado los que creen que saben o los que piensan que, como las cosas han ido bien durante un tempo, así van a seguir. La intuición de que vivíamos por encima de nuestras posibilidades era bastante común, sin necesidad de ser economistas. Pensar que la codicia no pueda establecer ningún tipo de orden en el mercado me parece que también es de sentido común. No existe el mercado libre ya que está sujeto a las presiones de los financieros en colusión con los políticos y una vigilancia oficial inexistente o ineficaz porque nadie le hace caso.

Marinto -

Amigo Francisco: Lo primero que quiero es darte las gracias por el artículo que me has enviado.

Hacía bastante tiempo que quería tener en mis manos el libro "La acción humana" de Mises. Hace un par de semanas que le eché valor y lo pedí por internet. El libro, con mil y pico páginas, es todo un tratado de economía (sin ni siquiera una gráfica) y es imposible resumir, pero en él se hallan muchas respuestas a lo planteado en tu artículo:

La mayoría de expertos (ya sean más o menos honrados), parten de la premisa que la información de la praxis humana se encuentra dada y sobre ese error emiten todos sus pronósticos. Es, grosso modo, lo que los "austríacos" llaman para la economía "Teoría de la eficiencia dinámica", que contraponen a la estática de los llamados economistas neoclásicos.

Te recomiendo la página de Jesús Huerta de Soto, donde se encuentran numerosos trabajos y ensayos sobre este tema:

http://www.jesushuertadesoto.com