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Murcialiberal

El frente

Anteayer me alegraba al ver que el general derrotado el pasado domingo en la batalla de las elecciones, daba un paso al frente para asumir el liderazgo que necesita todo ejército recién vencido y que quiera reconquistar pronto el poder. La oposición se tenía que hacer desde ese mismo instante y no había ni un minuto que perder, aunque hubiera que hacer sobre la marcha una autocrítica por parte de todos que les condujera a desentrañar las causas de la derrota. De ahí mi alegría, pues pensaba que era quien mejor podía analizar la situación y establecer las bases de la nueva cruzada que liberara a España del yugo de la estulticia a la que nos ha llevado el gobierno de ZP y a la que nos llevará, con toda seguridad, en la próxima legislatura.

Demasiados coroneles han estado al acecho del general desde hace tiempo, posicionándose en el lugar apropiado para, llegado el caso, caer sobre el derrotado. En mi opinión lo que hacía falta tras la reciente capitulación, era la unión de todos ellos para rearmar a la tropa y dar moral a unos batallones exhaustos que en esos momentos carecían totalmente de ella. Hasta ahí, de acuerdo. El general debía ponerse al frente de todos ellos para analizar la derrota, que si bien no había sido del todo humillante, sí había dolido entre las bases. Perfecto. Debían preguntarse, del mismo modo, tanto el general como el ejercito al completo, las causas de la misma, para establecer un debate con diferentes propuestas y someterlas a votación entre toda la tropa para legitimar el proceso. Pero el debate se ha obviado. La decisión del general ha sido poner el tejado antes de construir la casa. Se ha postulado él y aplica el ordeno y mando. Y es ahí donde viene el problema. Los coroneles no han tenido más remedio que hacer piña alrededor del general, tras el anuncio de éste de convocar un consejo, para que se le reafirme en el puesto. No cabe la opción que alguno de ellos con las ideas que considere oportunas se postule como sustituto de éste, puesto que la decisión ya está tomada; no existe la posibilidad real entre la tropa por decantarse por la continuidad del general o la sustitución por alguno de los coroneles que pueden derrocarle, porque ya está todo marcado. El mal seguirá abierto y las luchas internas por alzarse con el poder continuarán. No va a haber un debate serio, sino un ordeno y mando. Pero da igual, estamos hablando de ejércitos y aquí la democracia no tiene hueco.

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