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Los melones de Torre Pacheco

Por JUAN GUILLAMÓN
Publicado en La Verdad
http://www.laverdad.es/murcia/pg041209/prensa/noticias/Articulos_Murcia/200412/09/MUR-OPI-105.html


En Torre Pacheco, además de ser un municipio de más emprendedor, nodo principal del Campo de Cartagena y paradigma -cuestión prevalente- de todas las bondades derivadas de la corrección de los desequilibrios hídricos en este conglomerado de países, regiones o naciones (yo que sé) que es España, se tiene muy ganada fama de producir los mejores melones del mundo. Su cercanía al mar, quizá, hace del melón regado con agua ligeramente salina el as de la agricultura, lo cual que sin duda puede ser un buen campo para la Desalación, masiva o no. El señor Zapatero, quien en lugar de vigilar sus zapatos limpia los de sus socios más impresentables, viene haciendo gala de una actividad insólita: cada día que pasa abre un melón para incomodo y aun crispación de todos aquellos que no siguen, por razones ideológicas, a pie juntillas sus dictados políticos, procedan o no de un cumplimiento acomodaticio del ya muy manido Programa Electoral. Por eso, por todo eso, ZP debería recibir el sano consejo de girar visita al municipio cartagenero a fin de disponer en cantidad, y desde luego en calidad, de cuantos melones precise para proseguir su política de indiscriminada apertura melonera. A lo largo y ancho de estos escasos siete meses de gobierno socialista, se ha abierto la gran sandía de la derogación del Trasvase del Ebro.

El melón de las subvenciones a la Iglesia Católica ha sido objeto de cata. El apunte verdaderamente angustioso de equiparación entre el culto católico y la práctica islámica deja las pepitas de su melón en parihuelas. Elegir como camino ideal para equiparar derechos ciudadanos al matrimonio entre homosexuales en lugar de profundizar sobre legislaciones razonables para las parejas de hecho es un melón como para ponerle la etiqueta de "el hijo del Papa" y enviarlo a Holanda, nación que desde hace más de 300 años goza del privilegio de ser el más posmoderno de entre todos los países, quizá por su agilidad comercial derivada de sus grandes puertos marítimos. La adopción de niños por parejas homosexuales no es un melón abierto es, al contrario, un melón con pajaritos cantores que merece un cero patatero (o melonero). En la apertura del inmenso melón llamado Consejo General del Poder Judicial, el formidable caos formado por pepitas, jueces, repetición de votaciones etc... provoca en el ciudadano un desbarajuste tal que nadie sabe realmente de qué va el fondo de la cuestión, a no ser que de lo que se trate sea de controlar ese Consejo (con vocación de independencia, recuérdese la intención ilustrada francesa que propone la separación estanca de los tres grandes poderes) por el Gobierno actual. Nadie en su sano juicio global, esto es, nacional, puede entender el melonazo de la disputa idiomática entre el catalán y el valenciano, pues siendo una cuestión menor o al menos cuya afección se limita a cierta parte del litoral mediterráneo no hay razón universal poderosa para que el resto de España se muestre desequilibrado ante esta controversia. Además, si los valencianos dicen que su idioma no es el catalán, pues no lo es. Lo único que sale en claro de tal cuestión es que habiendo determinado el Gobierno la identidad de ambas lenguas anuladas, el inefable Carod Rovira esté más contento que unas pascuas (los catalanes deberían cortarle los cataplines ideológicos a Carod Rovira por semejante conformismo, pues Jordi Pujol en su lugar hubiera sacado su buen puñado de pelas). Y en el asunto de las nacionalidades, ¿qué decir de este melón? A estas alturas de democracia -25 años de Constitución-, no tener las ideas claras de si Murcia es una región, si Valencia un reino, si Cataluña una nación o si el País Vasco un campo de batalla, me provocan una soberana indigestión a base de pepitas, ya sea de sandía o incluso de melón.

Lo de la selección nacional de hockey sobre patines catalana es una sandía que tendría su parangón en la iniciativa balear de crear su propia selección de tenis. Y por último, dejo el melón del talante que provoca en quienes nos sentimos un poquito molestos por el ídem del PSOE una acusación tremenda: la de intolerantes y fachas. A este paso, y como hubo apuntado químicamente Le Chatelier, poco nos queda a algunos, en cuyo palmarés figuran votos indiscriminados hacia la izquierda y hacia la derecha y por supuesto al centro, para que nos convirtamos en militantes de derechas, de esos de toda la vida ¿Es que no hay otra manera de gobernar que no sea dando por saco a todo lo que el gobierno precedente instituyó? Parece ser que no, a menos que todos, los de derechas y los de izquierdas, también nosotros los que nos creemos en el centro, nos vayamos a Torre Pacheco y participemos en la cata de melón al modo y uso en que ZP lo hace (compartiendo mesa con Carod Rovira y Llamazares) probando al azar esa fruta tan dulce y jugosa. Pero con la sería advertencia de que el melón es una fruta y no un necio, majadero o modorro.

Juan Guillamón es decano del Colegio Oficial de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos
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