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El triunfo de la esperanza

El triunfo de la esperanza Por José María Aznar
Publicado en Periodistadigital.com

The Wall Street Journal (05/11/04, 06.52 horas)

Ha ganado la esperanza. Sé que a algunos puede sorprender esta afirmación, pero estoy convencido de ella.

Ha ganado la esperanza y la confianza del pueblo americano en los valores y los principios sobre los que se sustenta la civilización que compartimos a ambos lados del Atlántico. George W. Bush decidió res-ponder al ataque del terrorismo totalitario con una vuelta a los principios básicos. Pudo haber escogido el apaciguamiento.

Pudo haber optado por la retórica. Decidió no hacerlo. Decidió oponer firmeza y convicciones frente a la brutalidad. Ahora, una amplia mayoría de su pueblo ha respaldado esa política. Ha dicho que hay esperanza en nuestro modo de vida. Una esperanza que precisamente toma su fuerza de sus convicciones esenciales. Una esperanza que se manifiesta en el deseo de defender la libertad por encima de todo.

Muchos daban por seguro que necesariamente se iba a producir la derrota de Bush. Han fallado. Lo malo de hacer caricaturas es creerse que la gente corriente va a sustituir la realidad por la caricatura. El pueblo americano ha decidido que la mejor alternativa es un nuevo mandato de George W. Bush. Si no, sería del todo inexplicable los logros de estas elecciones: una amplia distancia entre los dos candidatos, a favor del presidente Bush, en el voto popular; un aumento del número de senadores; una mayoría holgada en la Cámara de Representantes.

Bush ha conseguido culminar un movimiento que se venía fraguando hace años: consolidar una mayoría natural conservadora en su país. George W. Bush ha tenido que enfrentarse no sólo a los enemigos de las democracias, sino también a un frente de rechazo constituido por grupos dispares.

Una verdadera coalición negativa, unida sólo por el deseo de verle derrotado. Algunos pensaban que la mayoría iba a pronunciarse ahora en contra de la decisión de ir a Afganistán y a Irak para impedir que la amenaza siguiera creciendo. La tentación de la comodidad es poderosa. Nuestras democracias están poco preparadas para la realidad de que están amenazadas, y para enfrentarse con un enemigo tan difuso como osado y letal.

Tras los terribles atentados del 11-S el Presidente Bush no se dejó llevar por una lógica rabia pasional. Le conozco bien y sé de lo que hablo. Afganistán fue un objetivo estratégico en la lucha contra el terror, no un acto de venganza. Como también lo ha sido Irak.
La estrategia internacional de Bush incluye una política activa a favor de la paz en el lugar más peligroso del mundo: Oriente Medio. Ha defendido su apertura política, su liberalización económica y el respeto y la tolerancia religiosa.

El statu quo de una región que se ha convertido en un hervidero de terroristas y fanáticos no puede ser ya aceptable. Se necesita un cambio profundo. Y eso es lo que él persigue con su Iniciativa para el Gran Oriente Medio. Como digo, la única opción y esperanza para millones de seres hoy hundidos en la desesperación y en el odio. Y también para nuestra seguridad a largo plazo. Toda esa política ha sido mayoritariamente respaldada por el pueblo americano.

Creo que la reelección de Bush abre un tiempo de esperanza para la comunidad internacional. También los líderes de todo el mundo pueden participar de la unidad en la defensa de nuestras democracias y nuestro modo de vida. Se abren cuatro años más y los dirigentes occidentales pueden unirse al esfuerzo aliado por construir un mundo más seguro y más libre. Es cierto, los gestos de antiamericanismo primario, la hostilidad sin motivo, pondrá más difíciles las cosas a aquellos dirigentes que se han dejado llevar por esa corriente. Pero el mundo tiene ahora una oportunidad clara.

En estos meses hemos podido ver cómo se intentaban introducir y explotar los asuntos y temas que más podían dividir. Se ha abusado de la fuerza y el daño de la polarización. En lugar de comprensión se ha promovido el odio. En lugar de la unidad, la división. Es reconfortante comprobar que esa estrategia ha provocado la movilización de muchos más millones de americanos.
Millones de americanos que han ido a las urnas precisamente para lo contrario. Han ido a votar por una política basada en principios.

Una política sincera. Un liderazgo basado en convicciones. Una política que no esconde la parte de la realidad que es desagradable, sino que se enfrenta a ella, porque sabe que ésa es la única manera de superarla. Ésa es una lección que todos podemos aprender: a los intentos de división se puede oponer una política de principios. Y puede ser una política triunfadora.
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