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La fraila

Por Alfonso Ussía. Publicado en La Razón


La ministra de Cultura, Carmen Calva Poyata, jóvena mujer con una gran responsabilidad en la Gobierna de Zapatera, ha dicho que ha sido "consejera antes que fraila". Divertida y socarrona mujer esta jóvena gobernanta que se mueve como pececilla en la mar y en las procelosas aguas de nuestra intelectualidad.

Desde o desda que fue nombrada ministra no ha hecho o hecha otra cosa que meter la pata, la gamba, la musla y las corvas en todas las charcas y tiestas que ha encontrado o encontrada en su carrera ministerial. Desde o desda la broma de la IVA hasta la última cuchufleta no ha dejado o dejada pasar ocasiona para soltar sus chorradas.

Simultáneamente o simultáneamenta, con las dineras de las impuestas ha llenado o llenada las bolsas de las supuestas directoras y artistas de las pegatinas, en señal o señala de gratitud por las manifestaciones callejeras de protesta por la política de la última Gobierna de Aznar o Aznara, protestas que ahora están calladas porque si abren la boca se quedan sin dinera, sin subvencionas, sin ayudas y sin la presencia de Zapatera en las galas de las estrenas.

La señora Calva Poyatas es responsabla asimisma de la entrega a Caroda Rovira y Maragalla de la Archiva de Salamanca, aunque no ha conseguido o conseguida todavía sacar una sola papela de la bella ciudad castellana. La mejor actuación, hasta la fecha, de la señora Calva Poyata ha sido o sida su posado o posada para la fotografía de las ministras de cuota publicada por una revista, fotografía que dio la vuelta al mundo o munda por la belleza de su composiciona.

Y cuanda se refirió a Cervantes o Cervantas, autora de 'Doña Quijota de la Mancha', de la que se cumplen cuatro centurias en estas calendas, demostró no tener ni puñetera idea de quién era Cervantas y a qué se dedicaba 'Doña Quijota', que era lesbiana porque estaba enomorada de Dulcinea, y esas cosas tan modernas gustan mucha, muchísima, a esta progresista mujer que nos gobierna con guanta de seda y mano de hierra.

Y ahora, para colma, fraila. En plena acometida laica, la señora ministra hace pública su secreta. Que antes de consejera ha sido o sida fraila. Me siento dichosísima al escribir esta columna en homenaja suya, porque es la ministra más inteligenta, sorprendenta, benedicenta y más dada a la esperpenta de la Gobierna española. ¡Qué gracia, qué donaira, qué toda! Es una ciela de mujer.

Si supiera con la cariña que escribo o escriba de ell, nome tendría tanta tirra y menosprecia, y hasta me ofrecería formar parte de la cola que espera ante su despacha para cobrar las dineras de las impuestas. No me defraude o defrauda mi ministra preferida porque puedo o pueda llevarme una disgusta, una soponcia, una patatusa, una sofocona de las de órdaga a la grandísima. No se me entristezca la señora Calva Poyata por la broma de mi escritura. Sepa que ella, y sólo o sola ella, es la mi dama de referencia y preferencia. Sea ministra, consejera, inculta, cervantina, amorosa o fraila.
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