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Murcialiberal

¡A tomar por culo el Estado de Bienestar¡

"Pagan un impuesto sobre el valor añadido cada vez que compran cualquier tipo de mercancía, o un impuesto especial todavía más elevado si se trata de gasolina, tabaco, alcohol o por matricular un vehículo. Se les aplica una retención en su sueldo por el hecho de tener un trabajo honrado. Se les cobra un impuesto por el hecho de heredar. Pagan otro impuesto si es que su patrimonio se ha incrementado. Pagan otro por el simple hecho de tener ese patrimonio. Paga otro por las donaciones. Y otro por tener bienes inmuebles. Si son accionistas pagan otro en forma de impuesto sobre la sociedad en cuestión y si compran al extranjero pagan en la aduana. Destinan, en fin, más de la mitad de su riqueza a engrosar las arcas del Estado. Y cuando éste les ofrece sus servicios "universales y gratuitos", ¡oh, sorpresa!, todo el que puede contesta en la práctica con un rotundo "¡no, gracias!" que, de hecho, es un "¡no, gracias, y quédese el cambio!".

Lo escribe Antonio Mascaró en el Instituto Juan de Mariana, en su artículo "La teoría del desprendimiento". Un magnífico artículo que habría que conservar, como bien nos indica José Carlos Rodríguez en su bitácora La Hora de Todos y en su artículo "¡Al carajo el Estado de Bienestar!", (a mi es que me parieron con menos finura, por eso lo mando a tomar por donde dejamos escapar al malo. Por cierto, lo del "malo" es una expresión que oí ayer en el programa del Herrera).



Nunca nos paramos a pensar que destinamos al Estado, por ejemplo, la mitad de lo que trabajamos durante todo un año, y eso como mínimo. Es decir, que hay que tener presente que desde Enero a Julio, cualquier hora que hayas trabajado lo has hecho por y para El. Lo grave es que la mayoría de veces no recibes ni la mitad de lo que has aportado. Por lo que sigo considerándolo un robo. Un robo manifiesto que sufrimos todos los días sin ver reacción alguna de los ciudadanos de a pie, que lo sufren, como las almorranas, en el mas estricto de los silencios.



Como bien nos indica en ese mismo artículo:

El hecho de que a la gente no le guste pagar impuestos no se debe a la tacañería antisocial de unos insolidarios. Se debe a que cada cual quiere comprar lo mejor que su riqueza le permita. Y nadie confía en que lo mejor pueda proceder de una institución que elimina a sus competidores a base del monopolio de la fuerza. Eso, cuando lo hace un hombre, es tachado de chantaje y matonismo. Cuando lo hace un grupito, se tacha de mafia. Que se haga democráticamente puede empujar a muchos a darle coba de cara a la galería. Pero, cuando se trata del bienestar propio, la gente no se deja engañar.


Y así, a medida que empeora la hipertrofia de las instituciones, más son los que van desprendiéndose del Estado. La madre que busca un refuerzo escolar a sus hijos porque, vote lo que vote y diga lo que diga, no se fía de la educación pública aunque no pueda permitirse matricularles en una privada. El padre que les va guardando unos ahorrillos porque, diga lo que diga y vote lo que vote, sabe que con las pensiones públicas lo van a tener crudo. El comerciante que descubre una forma de evitar tal impuesto o tal prohibición. El consumidor de cierto artículo o sustancia que se da una alegría al conseguir disfrutar de lo prohibido sin molestar a nadie. Una sociedad de adultos con ganas de emanciparse de un Papá Estado carca, metomentodo y fracasado. No es un desprendimiento tajante. Es gradual a medida que cada uno va descubriendo nuevas salidas hacia la libertad y la responsabilidad individual. Se agrava el problema de la economía sumergida, dirán los que se han especializado en partir y repartir desde arriba. No, lo que pasa es que la confianza en el Estado del Bienestar se hunde porque éste hace aguas y la gente se espabila y aprende a nadar.


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