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Primero el Ebro, ahora el Tajo

Por Ramón Luis Valcárcel
El Mundo


Esta no es obra a realizar en el periodo brevísimo de días, ni de meses; es obra de años, para la cual se necesita la asistencia de quienes hoy gobiernan, de quienes estén en la oposición, de quienes sirven al régimen republicano y, oídlo bien, de quienes estén en contra de él; porque quienes por patrocinar el régimen republicano una empresa de esta naturaleza le negaran su asistencia y su auxilio, serían, no enemigos del régimen, sino unos miserables traidores a España». Esta afirmación muchas veces recurrente pertenece al ministro republicano socialista, Indalecio Prieto, quien defendió a capa y espada una obra, el trasvase del Tajo al Segura, en 1933.

Efectivamente, esta infraestructura no fue una obra de días, ni de meses, sino que tardó cerca de medio siglo en hacerse realidad.Corría el año 1979, en plena transición española, cuando las compuertas del túnel del Talave se abrieron, y el agua de la cabecera del Tajo llegó a las orillas del Mediterráneo para crear lo que se denominó en su día «la huerta de Europa».

Un cuarto de siglo después de su puesta en funcionamiento, el trasvase Tajo-Segura sigue estando hoy de plena actualidad, tanto por la importancia económica y social que representa, como por el debate marcadamente político que siempre le ha acompañado.Pero ahora, por un efecto en cadena, el acueducto del Tajo es víctima de una campaña dirigida y orquestada para poner en cuestión su utilidad.

La derogación de otro trasvase, el del Ebro, por parte del Gobierno socialista, ha abierto la caja de los truenos de la insolidaridad en nuestro país. Los pactos entre los socialistas y los partidos nacionalistas han servido para derogar una obra que ya había echado a andar, sin más razón que la del peaje político del presidente Rodríguez Zapatero, con el independentista catalán, Carod-Rovira.La estrategia utilizada en contra del Ebro dio sus frutos por las hipotecas que el Gobierno tiene con Esquerra Republicana de Catalunya. La decisión unilateral de derogar una obra del Plan Hidrológico Nacional ha servido a aquellos que enarbolan la bandera de lo fácil, al ver cómo la demagogia y la mentira han funcionado en otras comunidades autónomas.

Los ciudadanos de Castilla-La Mancha se preguntan ahora, por un efecto en cadena, por qué ellos tienen que soportar un trasvase desde la cabecera del Tajo, cuando otros se han negado a trasvasar desde la desembocadura del Ebro. El actual ministro de Defensa, José Bono, defendía la transferencia desde el Ebro, en el Consejo Nacional del Agua, cuando era presidente de Castilla-La Mancha con este argumento, y lo mismo hizo el presidente actual, José María Barreda, cuando era secretario general de los socialistas castellanomanchegos. ¿Por qué unos son solidarios y otros no?, una pregunta que se cae por su propio peso al demostrar, con hechos, que el trasvase del Tajo está hoy más vivo que nunca.

El trasvase Tajo-Segura cumple 25 años a pleno rendimiento. Especialmente en la última década, y más concreto, en los últimos ocho años, los gobiernos del Partido Popular han conseguido que se trasvase el doble de agua que en los 12 años anteriores, gracias al cumplimiento de las reglas de explotación. El Tajo-Segura respeta más que nunca los embalses de cabecera, gracias a una ley que permite que se trasvasen sólo los excedentes. Hasta la fecha, los agricultores murcianos han pagado por el agua del Tajo sólo a Castilla-La Mancha más de 80 millones de euros (13.000 millones de las antiguas pesetas) en concepto de amortización de la obra. Cantidades similares se han pagado a las otras comunidades de la cuenca del Tajo.Ese dinero debía destinarse con carácter finalista a realizar las obras de abastecimiento y saneamiento que ahora reclaman los ciudadanos de Castilla-La Mancha. Estas cantidades, asociadas a fondos europeos, se podrían multiplicar por cinco si se hubieran invertido adecuadamente. Castilla-La Mancha tendría las infraestructuras que necesita, porque agua tiene.

En el Tajo, al igual que pasa en el Ebro, hay agua para todos, ya que cuando llega a la frontera con Portugal quedan 11.000 hectómetros cúbicos al año, tras cubrir las necesidades de Castilla-La Mancha, Castilla y León, Madrid, y Extremadura. El Tajo, cruza Portugal, y vierte al mar mucha más agua. A diferencia de lo que ocurre en otras zonas de España, el déficit estructural que sufre la cuenca del Segura (de la que forman parte cuatro comunidades autónomas del sureste), es de 460 hectómetros cúbicos. Incluso esta carencia de agua se mantiene después de realizar una gestión modélica y eficiente, y contando con los 600 hectómetros cúbicos que, como máximo, llegan por el Tajo. ¿Qué pasaría si sumásemos y el déficit de esta zona fuera de 1.060 hectómetros cúbicos?

El Gobierno del Partido Popular consiguió cerrar el círculo en el año 2001 con el Plan Hidrológico Nacional y el trasvase del Ebro. Hicieron falta muchos años, muchos estudios, muchas negociaciones, para sacar adelante una planificación hidrológica completa, sin fisuras, sin mentiras; como la que reivindicaba el ministro socialista Indalecio Prieto con anterioridad. El Plan Hidrológico del PP no se basaba sólo en los trasvases, -como el del ministro Borrell-, pero sí completaba las necesidades hídricas de la España sedienta con nuevas infraestructuras de ahorro y modernización de regadíos, depuración, reutilización, e incluso de desalación, que ahora intentan vender como la panacea, cuando es, según todos los técnicos, una solución complementaria.

Con la llegada de Rodríguez Zapatero a La Moncloa la cosa cambió por arte de magia. Ya no valían los estudios, los análisis, las negociaciones que hicieron posible el Plan Hidrológico Nacional.No; no sólo eliminan de un plumazo el trasvase del Ebro que hubiera estado terminado en el año 2008, por razones puramente políticas, sino que ahora ponen en el punto de mira otro trasvase, el del Tajo, que hasta hace unos meses no causaba ningún perjuicio a nadie.

Si Castilla-La Mancha necesita infraestructuras es de justicia que se hagan. En la Región de Murcia, Castilla-La Mancha siempre encontrará comprensión y apoyo para solucionar sus problemas.Pero, al mismo tiempo, los ciudadanos de Murcia defenderán con firmeza lo que les corresponde. Hay que hacer políticas constructivas, y no destructivas como últimamente nos tienen acostumbrados.El Gobierno de Rodríguez Zapatero debe poner orden porque si no seguirá apostando por políticas débiles e insolidarias en España, y caerá en el peligroso juego de ir enfrentando a las comunidades.

Murcia es hoy más autonomía con el trasvase del Tajo dentro de un modelo de Estado, que ahora algunos intentan desmembrar. Nuestra identidad como murcianos es más fuerte que nunca con el agua que nos une al resto de los españoles. El aniversario del Tajo-Segura debe ser motivo de orgullo y satisfacción para todos, porque junto a él hemos crecido y hemos creado un modelo en el que tenemos cabida todos los españoles. Porque el trasvase es un instrumento integrador y vertebrador de nuestro Estado democrático.

Y en esta España que nos une, los regantes del sureste español son un modelo a seguir, puesto que son los que más saben de agua.Ellos han sabido sacar provecho de unas tierras fértiles que han contribuido a la riqueza nacional. No es momento, por lo tanto, de abrir enfrentamientos estériles, sino de celebrar el aniversario de una infraestructura, el trasvase Tajo-Segura, que ha formado, forma y seguirá formando parte de nuestra identidad histórica.
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