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La mente enferma de Noam Chomsky (I)

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Revista Libertaddigital.com
Publicada el viernes 24 de Agosto de 2004
Por David Horowitz



Durante 40 años, Noam Chomsky ha producido libro tras libro, panfleto tras panfleto y discurso tras discurso un mensaje, un único mensaje: Estados Unidos es el Gran Satán; es la fuente de la maldad en el mundo.

Sin duda, no hay intelectual más deshonesto que Noam Chomsky. No es sólo eso. En medio de esta grave crisis nacional, tampoco cabe duda de que es un traidor. En las 150 universidades que han montado manifestaciones contra el derecho de Estados Unidos a defenderse; en las calles de Génova y Seattle donde los anarquistas "antiglobalización" han atacado los símbolos del mercado y comercio mundiales; entre los manifestantes en Vieques que quieren negar a nuestro ejército su campo de entrenamiento; y dondequiera que jóvenes manifiesten una rabia incomprensible hacia su propio país, este hombre es el inspirador y el maestro de ese odio.

Muchos se preguntan cómo es posible que los más privilegiados y educados entre nuestros jóvenes lleguen a despreciar su propio país – una sociedad libre, abierta y democrática – y que lo hagan de manera tan rabiosa y apasionada. Se preguntan cómo es posible que jóvenes norteamericanos consideren siquiera ser solidarios y ayudar a los Osama bin Laden y Saddam Hussein (y a los comunistas antes de ellos). Una respuesta completa implicaría, quizá, estudiar las estructuras profundas de la psique humana, y su anhelo inefable de alguna ilusión redentora. Pero la respuesta breve hay que encontrarla en los escritos y discursos de un amargado académico y sus simpatizantes.

Durante 40 años, Noam Chomsky ha producido libro tras libro, panfleto tras panfleto y discurso tras discurso un mensaje, un único mensaje: Estados Unidos es el Gran Satán; es la fuente de la maldad en el mundo. En el mundo demente de Chomsky, Estados Unidos no sólo es responsable de sus errores sino de los errores de otros, incluyendo los de los terroristas que atacaron el World Trade Center y el Pentágono. Este es el fundamento de la actitud de todos esos que hoy no buscan en las ruinas de Manhattan víctimas sino "las raíces" de la catástrofe.

Un pequeño panfleto de Chomsky – Lo que quiere realmente el tío Sam – ya ha vendido 160.000 copias pero esto sólo representa la punta del iceberg de Chomsky. Su venenoso mensaje es difundido en casettes y discos compactos, en el circuito de conferencias universitarias, y es promovido en los conciertos de rock por bandas de superestrellas como Pearl Jam, Rage Against the Machine o U2 (cuyo principal cantante Bono llama a Chomsky "un rebelde sin pausa"). Chomsky es el ídolo de actores como Matt Damon; el supuesto genio que interpreta en El indomable Will Hunting lo inviste de una máxima autoridad política.

Según el Chicago Tribune, Noam Chomsky es "el autor vivo más citado del mundo". Entre las luminarias intelectuales de todos los tiempos, Chomsky es colocado octavo, justo detrás de Platón y Freud. En internet, hay más chats sobre Noam Chomsky que sobre el vicepresidente Dick Cheney y 10 veces más que sobre líderes demócratas del Congreso como Richard Gephardt o Tom Daschle. La razón es que Chomsky es el mentor de académicos de izquierda, legiones de radicales de los años 60 que se han atrincherado en las universidades norteamericanas para adoctrinar a los estudiantes en sus enseñanzas antiamericanas. The New York Times llama a Chomsky "probablemente el intelectual vivo más importante" y Rolling Stone – que en otros sentidos ni siquiera reconoce el ámbito de la mente – lo llama "uno de los más respetados e influyentes intelectuales del mundo".

En realidad, la mejor manera de comprender la influencia de Chomsky no es verlo como un intelectual sino como el líder de un culto religioso secular – como el Ayatolá del antiamericanismo. Sus seguidores reconocen esta resonancia cultista. El más importante de sus devotos, David Barsamian, un oscuro productor de radio pública en KGNU, Boulder, Colorado, ha creado una biblioteca con fragmentos de grabaciones de entrevistas con el maestro. Los ha convertido en panfletos y libros. En la introducción de uno de ellos, Barsamian describe el poder de Chomsky sobre sus discípulos: "Aunque decididamente secular, para muchos es nuestro rabino, nuestro predicador, nuestro pundit, nuestro imán, nuestro sensei”.

La teología que predica Chomsky es maniquea, con Estados Unidos como el Mal. Para Chomsky, ningún mal puede exceder el de Estados Unidos. Y Estados Unidos también es la causa del mal en los demás. Esta es la clave del misterio del 11 de Septiembre: fue Estados Unidos el que los obligó a hacerlo. Este fue el tema central de los agitadores en cada una de las 150 bochornosas manifestaciones universitarias del 20 de septiembre donde se exigió que Estados Unidos no tomara las armas en autodefensa. En "las raíces’’ de este ataque criminal estaba la culpa de Estados Unidos.

En su primera declaración sobre los ataques terroristas, la respuesta de Chomsky al ataque de Osama bin Laden contra un edificio donde trabajaban 50.000 seres humanos fue tratar de eclipsarlo con una atrocidad todavía mayor, atrocidad que estaba seguro le podía atribuir al presidente Bill Clinton. La infame declaración de Chomsky del 12 de septiembre, "Sobre los Ataques" empezaba así:
Los ataques terroristas fueron grandes atrocidades. En su escala, sin embargo, puede que no lleguen al nivel de muchas otras, de los bombardeos de Clinton sobre Sudán, por ejemplo, hechos sin ningún pretexto creíble, que destruyeron la mitad de sus recursos farmacéuticos y mataron un número desconocido de personas (nadie sabe, porque Estados Unidos bloqueó una investigación y en la ONU a nadie le interesa continuarla).
Observen la sintaxis. La oración inicial sobre los ataques es exangüe, puramente formal, algo a lo que tiene que salir al paso antes de anunciar su verdadero tema – los crímenes de Estados Unidos. La acusación contra Clinton es deslizada furtivamente dentro del texto cuando, en realidad, es el verdadero mensaje. Que no se fije Estados Unidos en las heridas que acaba de sufrir, y contemplen las heridas que ustedes han conferido. En este acto de prestidigitación Chomsky revela su verdadero talento, hacer que la víctima, Estados Unidos, aparezca como más perverso que los mismos terroristas. Por malo que nos parezca este ataque, Estados Unidos ha hecho cosas peores.

En realidad, por mal concebida que haya sido la decisión de Clinton de lanzar un misil contra Sudán, no es ni remotamente comparable con la masacre del World Trade Center. En su misma concepción era precisamente lo contrario – una respuesta defensiva que trataba de minimizar las bajas. Clinton ordenó el misil en reacción a la destrucción de dos de nuestras embajadas en África, el asesinato de cientos de personas inocentes y miles de heridos, civiles africanos en su mayoría. Fue concebido con toda la precaución posible para evitar la pérdida de vidas inocentes. El misil se disparó de noche para que no hubiera nadie en el edificio. El objetivo se seleccionó sobre la base de la mejor información disponible. Ésta indicaba que no era una fábrica de productos farmacéuticos, sino una fábrica de producción de armas biológicas. El uso que hace Chomsky de este incidente para disminuir la monstruosidad del ataque terrorista es una maniobra típica, una medida de su extraordinaria mordacidad, y un índice de esa demencia antiamericana que satura todo lo que dice o escribe.

El mismo odio psicótico conforma la perspectiva "histórica" que le ofreció a sus discípulos en una entrevista realizada pocos días después del ataque contra el World Trade Center. Su objetivo era presentar a Estados Unidos como la encarnación del demonio – y, por consiguiente, como un objetivo válido para los guerrilleros de la "justicia social" en todo el mundo. Era la primera vez que los propios Estados Unidos – o, como dijo Chomsky, el "territorio nacional" – había sido atacado desde la guerra de 1812. Pearl Harbour no cuenta para Chomsky porque Hawai era una "colonia" en aquella época. El hecho de que fuera una colonia benévolamente dirigida y que ahora sea un estado no cuenta para nada, por supuesto, a los ojos de Chomsky.

Durante estos años (entre 1812 y 1941), Estados Unidos aniquiló a la población indígena (millones de personas), conquistó la mitad de México, intervino violentamente en las regiones aledañas, conquistó Hawai y las Filipinas (matando a cientos de miles de filipinos) y, en el último medio siglo en particular, extendieron su recurso de la fuerza a gran parte del mundo. El número de víctimas es colosal. Por primera vez, las armas han disparado para el otro lado. Eso es un cambio dramático.

Escuchando a Chomsky, uno casi puede sentir la justicia del ataque de Osama bin Laden contra el World Trade Center.

Si usted fuera uno de los cientos de miles de jóvenes que han sido expuestos a esta propaganda – y a las enseñanzas igualmente viles de sus discípulos académicos – usted también podría extender su bochorno antiamericano hasta el día de hoy.

Según Chomsky, en la primera batalla de la posguerra con el imperio soviético, "Estados Unidos estaba recogiendo donde los Nazis se habían quedado".

Según Chomsky, durante la Guerra Fría, las operaciones norteamericanas tras el Telón de Acero incluyeron: "un ‘ejército secreto’ bajo los auspicios nazi-norteamericanos que buscaba suministrar agentes y material militar a los ejércitos establecidos por Hitler y que aún operaban dentro de la Unión Soviética y Europa oriental a principio de los años 50.

Según Chomsky, el apoyo de Estados Unidos a los gobiernos latinoamericanos contra la subversión comunista durante la Guerra Fría condujo a una complicidad con "los métodos de los escuadrones de exterminio de Henrich Himmler’’ durante los gobiernos de John F. Kennedy y Lyndon Johnson.

Según Chomsky, hay "una estrecha correlación mundial entre la tortura y la ayuda de Estados Unidos".

Según Chomsky, Estados Unidos "invadió" Vietnam para masacrar a su pueblo, e incluso después de que Estados Unidos se fuera en 1975, bajo Jimmy Carter y Ronald Reagan, "el gran objetivo político de Estados Unidos ha sido maximizar la represión y el sufrimiento en los países que fueron devastados por nuestra violencia. El grado de crueldad es realmente asombroso".

Según Chomsky, "el pretexto para las guerras terroristas de Washington (en Nicaragua, el Salvador, Chile, Guatemala, Irak, etc.) fue la autodefensa, la justificación oficial para prácticamente cualquier acto monstruoso, incluyendo el Holocausto nazi".

En suma, según Chomsky, "legalmente hablando, hay un caso muy sólido para la destitución de todo presidente norteamericano desde la Segunda Guerra Mundial. Todos han sido o francos criminales de guerra o han estado implicados en serios crímenes de guerra".

¿Qué persona decente no querría ver a Estados Unidos y a sus criminales de guerra llevados ante la justicia?.

Según Chomsky, lo que Estados Unidos verdaderamente quiere es robar a los pobres para dárselo a los ricos. "La cruzada norteamericana contra el comunismo fue realmente una cruzada. Lanzamos una nueva cruzada contra el terrorismo tras el fin de la Guerra Fría para proteger nuestra doctrina de que los ricos deben de saquear a los pobres”.

Por supuesto, el fin de la Guerra Fría también plantea sus problemas. La técnica para controlar la población nacional tenía que cambiar… Había que inventar nuevos enemigos. Se hacía difícil esconder el hecho de que el verdadero enemigo siempre había sido “el pobre que trata de saquear al rico” – en particular, esos imbéciles del Tercer Mundo que quieren librarse de su papel de servidores.

Según Chomsky, Estados Unidos teme el éxito de los países del Tercer Mundo y no quiere que éstos triunfen por sí mismos. Los que amenazan con triunfar, como los gobiernos marxistas de Vietnam del Norte, Cuba, Nicaragua o Granada son considerados virus. Según Chomsky, durante la guerra Fría, "con la excepción de unos cuantos dementes e imbéciles, nadie temía la conquista (comunista) – en realidad, tenían miedo del buen ejemplo de desarrollo exitoso". ¿Qué hacer cuando se tiene un virus? Primero hay que destruirlo, después se inocula a las víctimas potenciales para que la enfermedad no se difunda. Básicamente, esa es la estrategia de Estados Unidos en el Tercer Mundo.

No es de extrañar que quieran bombardearnos.

Adoctrinados en estas grandes mentiras, habiendo aprendido que Estados Unidos es la Avaricia Encarnada y un gemelo político del Tercer Reich, ¿por qué no van a creer los jóvenes que los peligros que tenemos por delante provienen de Washington y no de Bagdad o de Kabul?.

Sería fácil demostrar que en cada página de cada libro, y en cada declaración de Chomsky, los hechos han sido retorcidos, su contexto político distorsionado (y frecuentemente invertido) y los archivos históricos ideológicamente manipulados. Toda prueba, todo análisis ha sido subordinado al gran objetivo vital de Chomsky: justificar su odio patológico hacia su propio país.

Sin embargo, harían falta volúmenes para hacerlo, y realmente no hace falta. Porque cada argumento de Chomsky existe para servir este fin y esto es transparente en cada una de sus absurdas y ofensivas alegaciones. Como la comparación entre el torpe misil de Clinton y el monstruoso atentado contra el World Trade Center.

En realidad, los ataques contra el World Trade Center y el Pentágono representan un verdadero problema para los izquierdistas norteamericanos, como Chomsky, que saben que no pueden festejar un evento que es casi la realización de sus sueños. Los edificios destruídos son los símbolos del imperio norteamericano con el que llevan en guerra desde hace 50 años. En una memoria publicada en la víspera del ataque, Bill Ayers, un terrorista norteamericano de los años 60, registró su júbilo al golpear uno de esos mismos objetivos: "todo era absolutamente ideal el día en que ataqué el Pentágono. El cielo era azul. Los pájaros cantaban. Y los hijos de puta iban finalmente a recibir lo que se merecían". Tras el ataque del 11 de Septiembre, Ayers - un "distinguido profesor de educación” (!) en la Universidad de Illinois – tuvo que dar marcha atrás frenéticamente y explicar que revelar los sentimientos de un izquierdista "anti-guerra" no significaba lo que obviamente significa. Alegando estar "lleno de horror y pena", Ayers trató de reinterpretar sus años terroristas como un esfuerzo por explorar su propia lucha con "las intrincadas relaciones entre la justicia social, el compromiso y la resistencia".

Chomsky es muy superior a Ayers mintiendo. Consideremos primero el hecho de que el Trade Center es el símbolo por excelencia del capitalismo norteamericano y de la "globalización" que Chomsky y sus camaradas tanto desprecian. Wall Street, sus torres gemelas llenas aquel día fatídico de hombres y mujeres de "la clase dirigente" que, según Chomsky, gobiernan el orden mundial. Las torres gemelas son el palacio del Gran Satán. Son el vientre de la Bestia, el objeto de la cólera de Chomsky. Pero es demasiado astuto y demasiado cobarde para admitirlo. Sabe que, en esta hora de dolor nacional, tiene que tener cuidado. Y descarta el verdadero significado del objetivo de los terroristas con estas palabras:

Las víctimas, como siempre, son trabajadores: mozos de limpieza, secretarias, bomberos, etc. Probablemente sea un golpe aplastante contra los palestinos y otros pueblos pobres y oprimidos.

La forma en que Chomsky trata de hacer desaparecer las víctimas que no eran simples "bedeles, secretarias, bomberos, etc…" habla elocuentemente de su hipocresía.

Su preocupación está exclusivamente reservada para las fuerzas revolucionarias de su visión maniquea, el Tercer Mundo oprimido por los malvados norteamericanos. El mensaje de Chomsky a sus discípulos en este país, los jóvenes de nuestras universidades, los radicales en nuestras calles, los topos en las oficinas de nuestro gobierno, es un mensaje de acción y por consiguiente tiene que ser atendido incluso por los que nunca han leído sus repugnantes trabajos. Para los que creen en sus palabras de odio, Chomsky tiene esta recomendación:

Los pueblos del Tercer Mundo necesitan nuestra comprensión y, mucho más que eso, necesitan de nuestra ayuda. Nosotros podemos dársela, con un margen para sobrevivir, mediante la disrupción interna de Estados Unidos. Que los pueblos del Tercer Mundo puedan triunfar contra el tipo de brutalidad que nosotros les imponemos depende, en gran medida, de lo que suceda aquí.

Esta es la voz de la Quinta Columna de la izquierda. Disrupción en este país es lo que los terroristas quieren, y lo que necesitan, y lo que los seguidores de Noam Chomsky pretenden darles.

En su discurso ante el Congreso el 19 de septiembre, el presidente Bush nos recordó: "Los hemos visto anteriormente. Son los herederos de todas las ideologías asesinas del siglo XX. Al sacrificar vidas humanas para servir sus visiones radicales, al abandonar todos los valores excepto la sed de poder, siguen el camino del fascismo, el nazismo y el totalitarismo. Y van a seguir ese camino hasta donde éste termina, en la tumba sin nombre de las mentiras descartadas".

El presidente Bush estaba hablando de los terroristas y de sus patrocinadores en el exterior. Pero hubiera podido estar hablando de la quinta columna de los aliados de éstos dentro de Estados Unidos.

Es hora de que los norteamericanos que aman a su país se pongan en pie para defenderlo.
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